HOMENAJE - DESPEDIDA AL 'PANAERO DE MONTEFRÍO'

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Juan Pinilla firma este artículo como homenaje a Cristóbal Trujillo Garrido, 'Panaero de Montefrío, uno de los grandes del flamenco. Con su desaparición, se cierra una importante página de la historia del flamenco en esta localidad y de la cultura jonda granadina.
Cristóbal Trujillo Garrido, 'Panaero de Montefrío'.
INDEGRANADA
Cristóbal Trujillo Garrido, 'Panaero de Montefrío'.
Cristóbal Trujillo Garrido, conocido artísticamente como 'Panaero de Montefrío', falleció el pasado domingo a la edad de 86 años. El pueblo de Montefrío y aficionados desplazados desde distintos puntos de la provincia, le dieron ayer (día 18 de septiembre) el último adiós en su localidad natal.
Nacido en diciembre de 1930, con su desaparición se cierra la época dorada del cante flamenco en esta bella localidad granadina, ya que era el último cantaor vivo de aquella generación en la que destacaron Manuel Ávila, Paco de Montefrío, Rocío 'La Campera' o Rogelio Peña. Los cinco cantaores habían dejado grabaciones y una interesante trayectoria artística que convirtieron a Montefrío en uno de los pueblos flamencos más importantes de Andalucía Oriental.
Con su desaparición, se cierra una importante página de la historia del flamenco en Montefrío y de la cultura jonda granadina
Cristóbal Trujillo recibe el nombre artístico de su profesión como panadero, oficio que ejercía repartiendo pan con una furgoneta por todo el término municipal de Montefrío entre el que se diseminan numerosas aldeas, y solía hacerlo cantando. Asistió a la escuela hasta los 9 años y posteriormente se enroló a trabajar en el campo, con su familia, de quienes aprendió el flamenco, ya que tanto sus padres como primos, eran grandes aficionados.
En 1986, el investigador José Guardia lo entrevistó en Montefrío para su libro de biografías de flamencos granadinos, y Cristóbal le confesó que recordaba haberle cantado a los soldados en la guerra civil a cambio de comer con ellos, con apenas 7 u 8 años.
Panaero de Montefrío con el Niño de las Almendras, en 2004.
Su cante se fue moldeando al lado de sus paisanos Manuel Ávila, Paco de Montefrío o amigos como El Condeso,'Maguta', 'Velázquez' y 'Rábano'. Hubo otro dato interesante que influyó en su formación cantaora, y es que gracias a que en Montefrío se daba la circunstancia de que habían muy malas comunicaciones por carretera, las troupes flamencas que actuaron allí entre los años 40 hasta 60, debían pernoctar allí, con lo cual compartió prolongadas juergas con algunos de los artistas más importantes de la historia del flamenco, tales como Niño de la Huerta, Pepe Pinto, Manuel Vallejo, Niña de los Peines, José Palanca, Marchena, Juanito Valderrama o Pepe el de la Matrona. Este último, acudió invitado por el poeta montefrieño José Ávila, y protagonizó una estancia en Montefrío de la que aún se acuerdan los buenos aficionados.
En 1956, junto a su paisano y compadre Manuel Ávila, se presentaron al concurso nacional de Córdoba donde fue acompañado por el histórico guitarrista Niño Ricardo. Ese concurso lo ganaría Fosforito, con quien después compartiría escenario. A partir de esa época, y especialmente en los 60 y 70, alternó su trabajo de panadero con actuaciones por festivales y peñas flamencas de toda la geografía Andaluza. Participó en el Cincuentenario el Concurso de 1922, celebrado en el Mirador de San Nicolás en 1972, se enroló en la compañía de Paco de Montefrío con el que recorrió numerosos pueblos, y grabó dos discos, uno como solista, y otro que comparte junto a Manuel Ávila, ambos con el sello Sonisur y registrados en Montilla (Córdoba), junto al guitarrista Miguel Ochando.
Socio fundador de la peña flamenca 'Manuel Avila' de Montefrío, fundada en 1980, y asiduo a los festivales de su pueblo, ha compartido escenario y cartel con figuras como Turronero, Menese, Chocolate, Juanito Villar, Fosforito, Juanito Valderrama, Lebrijano, y un largo etcétera. Tanto en 1984 como en el año 2003, fue una de las figuras fundamentales de sendos homenajes que se realizaron a su paisano Manuel Ávila. En el año 2015 le pusieron su nombre a la escuela de flamenco de Montefrío, que en la actualidad se llama 'Escuela de flamenco Panaero de Montefrío'.
Cantaor de culto y voz natural, se sentía especialmente bien en los cantes por soleá, la Caña, Serranas o Fandangos de Lucena, y era uno de los últimos intérpretes fidedignos del cante por 'Temporeras' de Montefrío. Con su desaparición, se cierra una importante página de la historia del flamenco en esta localidad y de la cultura jonda granadina.
Javier Egea. El poeta de "la otra sentimentalidad"

Javier Egea (Granada, 1952-1999), es uno de los autores más destacados de la poesía española en la segunda mitad del siglo XX, a pesar de la denostación, el olvido y el abandono que ha sufrido durante más de una década. Sin temor a equivocarnos, su "voz propia" es una de las más personales y brillantes de la poesía en los últimos tiempos y ha impregnado gran parte de la creación poética actual. Dotado por un extraordinario oído musical, un fino sentido del ritmo y un excelente dominio del idioma, su obra está alcanzando un reconocimiento que parecía resistirse. Junto a Luis García Montero y Álvaro Salvador, fundó lo que se dio a conocer como "La otra sentimentalidad", corriente de la que descendería la conocida como "poesía de la experiencia". Muy pocos entienden por qué tras su muerte, acaecida en 1999, el nombre de Javier Egea permaneció relegado a sus círculos más íntimos, a sus admiradores de toda la vida o a asociaciones como "Diente de oro", entusiastas difusoras de la obra de Egea. Empero, el silencio que se cernió sobre su obra y su persona no encuentra justificación alguna. Javier Egea, no ha aparecido en la mayoría de las antologías publicadas en los últimos 15 años. Y es por este motivo que aplaudo la aparición de obras, estudios, tesis doctorales, poesía completa, poesía inédita y novelas inspiradas en la obra y la persona de este autor de la realidad social, convertido todo él en la verdadera "otra sentimentalidad". En numerosas entrevistas declaró su admiración por los estudios del desaparecido profesor Juan Carlos Rodríguez. "Teoría e historia de la producción ideológica" supuso para él un antes y un después en su forma de concebir la poesía, avanzando hacia una voz poética más entroncada con lo social, con lo cotidiano, con los problemas colectivos.

Les dejo este hermoso poema que publica en su libro "Toppo Mare", tras una estancia en la almeriense 'Isleta del Moro', lugar que le sirvió para despejarse de un "delirio de alcohol" y algún que otro mal de amores, y les recomiendo los estudios de Jairo García Jaramillo, José Luis Alcántara y Hernández García, a cerca de su obra.



Extraño tanto mar, raro este cielo
desgranado de luz sobre la Isleta,
ajeno a este naufragio que se crece en la orilla
en cabos,
jarcias,
mástiles,
jirones de velámenes,
armaduras y redes
que simulan encaje en la escollera,
duelas con algas,
pequeñas almadías despobladas
sobre la espalda azul del exterminio,
raro este cielo para ser de mayo,
ajeno a este dolor de siglos en la playa.
Tanto mar y de golpe,
tanta historia y vencida,
ya corazón mojado sobre el abra,
ya mensaje dormido, preterido,
en la Bahía de los Genoveses.

Y no sólo el desierto sino dónde tus ojos,
sino tus manos lejos
y cuándo tu cintura presentida
por entre los hachones vigías de las pitas,
desde las atalayas del silencio,
no sólo ya las dunas sin
espejismos al cabo,
restos de la memoria del misterio.
A dónde, dime, a dónde,
si todo está dormido,
si he quedado en la arena como lengua de agua
y la sed permanece mientras llega La Nube.
Inútiles las manos que desde las palmeras
pretenden el abrazo de un horizonte roto
a donde tu recuerdo se avecina.